S. XIX

El placer por el trabajo y William Morris

A william Morris le tocó vivir la revolución industrial, la cual tuvo gran impacto en la Gran Bretaña de principios del siglo XIX.

Le tocó sufrir por un lado los estragos que dicha revolución hizo en las clases bajas, con el clasismo de la época victoriana de la alta burguesía británica.

Con profundas convicciones sociales, veía como la deshumanización del trabajo, llevada a cabo por la fábricas y el producto efectuado no satisfacía a nadie ni a los productores (mano de obra semi esclava), ni a los consumidores (quizás sólo a los empresarios que veían aumentar sus cuentas bancarias).

Así que él apostó por el “placer del trabajo”. Ni más, ni menos que trabajar por placer, hacer obras artesanales, con las cuales el productor, se sintiera orgulloso de su trabajo y incluso las personas que utilizaran dichas piezas de artesanía, estuvieran también satisfechas de lucir esas pequeñas obras de arte.

La idea de William Morris era hacer a la gente feliz, y pensó que desde el diseño, las personas disfrutarían de las cosas del día a día… papel pintado en sus hogares, lámparas, sillas, cómodas…

Está idea se pervirtió totalmente a mediados del siglo XX, cuando se empezó a emplear el diseño como una manera de crear la obsolescencia de los objetos, ya que un año a otro, los objetos eran renovados desde el exterior, y aunque la funcionalidad siguiera siendo la misma, la sociedad de consumo, hizo que estuvieramos que estár a la moda… no valía con tener un sofá, sino que esté había que renovarlo cada poco tiempo para estar a la moda y seguir las tendencias de las revistas.

La idea de Morris era más simple un su época. Sólo era tener objetos bellos que nos hicieran la vista más agradable y así hacernos más felices.  

Recientemente la Fundación Juan March realizó la exposición:William Morris y compañía: el movimiento Arts&Crafts en Gran Bretaña.

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Actualidad

Paraíso político nacido del espejismo

En uno de los último capítulos de la novela “La Bodega” de Pablo Zapata Lerga, editado por Última Línea, me encuentro con esta interesante descripción de lo que podría ser un momento de cambio político:

“Las nuevas elecciones supondrían la posibilidad de la libre participación de los partidos políticos. Todos eran presa del señuelo de un paraíso de honradez, de justicia, de igualdad, de participación. Era la alucinación colectiva de un paraíso político nacido del espejismo que les producía la travesía del desierto histórico que habían vivido.”

Aunque la novela se presenta en un contexto histórico totalmente diferente al actual, no ha dejado de llamarme la atención ciertas similitudes. Nuevos partidos como Podemos o Ciudadanos irrumpen en nuestro mapa electoral… y si eso fuera poco plataformas y colectivos se unen con otros partidos para presentarse dentro de un marco de unidad popular.

Unos nos dicen que van a regenerar la vida política, perpetuando las que siempre han existido; otros nos dicen que es hora de que se escuche la voz de la gente, entre todos podemos cambiar las cosas…. sin que realmente cambie nada.

En fin todos vivimos esperanzados ante el señuelo de la honradez, justicia, igualdad y participación como dice el autor del libro; pero la cuestión es, si esto será un mero señuelo para que piquemos un nuevo anzuelo ante el espejismo que nos producen o realmente será el cambio verdadero.

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