S. XX

Vuelta al cole…

“…a los niños se le envía a campos de concentración juveniles, llamados “escuelas”, fundamentalmente para que dejen en paz a mamá sin dejar de estar controlados, pero también para que adquieran de paso los hábitos de obediencia y puntualidad, tan imprescindibles para un trabajador.”

Bob Black, La abolición del trabajo (Ed. Pepitas de calabaza)

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El mito de Edipo y la culpabilidad

Leyendo La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, me encuentro con interesante tesis sobre la culpabilidad.

A través de mito de Edipo, nos muestra como alguien no tiene que ser realmente consciente de un mal causado, para saber que es culpable de un hecho.

Empecemos recordando el mito, para los que no lo conozcáis. Siendo bebé, Edipo es abandonado y encontrado por un pastor que lo lleva ante su rey, éste lo cría y lo educa. Cuando Edipo es joven, se cruza en un camino con otro rey, con el cual surge una disputa y Edipo lo mata… Más tarde se casa con la mujer de dicho rey y de esta forma se convierte en rey de Tebas. Edipo no supo hasta más tarde que el hombre al que había matado era su padre y la mujer con la que dormía, no era otra que su propia madre… Cuando Edipo descubre el entuerto y ve las consecuencias que sus acciones han traí­do a Tebas, decide arrancarse los ojos y marcharse de su ciudad.

Bien podríamos decir que Edipo no es realmente culpable de lo sucedido, no sabía que el hombre al que mato era su padre y que la mujer con la que yacía era su madre, pero aun así, cuando realmente descubre la verdad, se siente obligado a arrancarse los ojos para no ver lo que ha hecho.

Como plantea Kundera en su novela, perfectamente podemos trasladar esta situación a la clase política, nos encontramos que en el mejor de los casos algunos políticos no sepan lo que sucede en sus partidos, que son ajenos a como se financian, no saben muy bien que hacen algunos de sus compañeros. Pero ¿les exime ese desconocimiento inicial de su culpa?

Quizás, podemos dejar en entredicho, si realmente no sabían lo que pasaba o simplemente no querían saberlo. Pero desde el momento en el que se hacen públicos los hechos, ahí ya no pueden ocultar nada, desde ese momento tienen que asumir su culpa, como hizo Edipo y arrancarse los ojos y marcharse; en sentido figurado, claro.

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El embarazo

El problema es que llevo embaraza mucho tiempo.
Y ya no es uno,
ahora tengo cientos de hijos por todo el cuerpo.

Pero mejor así, que sigan ahí,
después de tantos años…
Y además, puestos a pensar,
¿cuánto podría durar el parto de cien hijos?

Cuando yo muera,
morirán todos conmigo,
todos mis hijos…
Eso es lo único que siento.

Del libro, Galápagos de California de Emma de Coro

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Actualidad, S. XX

Logicomix

Por azar, encontré este curioso cómic en la biblioteca. sin saber muy bien de que iba, lo cogí y sorprendido encontré una interesantísima novela gráfica sobre Bertrand Russel y su búsqueda de unos fundamentos racionales de las matemáticas.

Con dos hilos argumentales paralelos: la vida de propio Bertrand Russel, contado por él mismo en una conferencia, en la que le piden que se oponga a la II Guerra Mundial de la misma forma que se opuso a la Gran Guerra (hecho que le costó la cárcel) y con dicha escusa nos lleva a lo largo de su vida y de su búsqueda de unos pilares sólidos y permanentes en la lógica, que nos permitan distinguir la verdadera realidad de lo falso. Y por otro, la elaboración de dicha novela, en la cual nos explican el proceso, los debates de los realizadores, etc…

En fin una obra exquisita, imprescindible para los amantes del cómic y la filosofía.

http://www.logicomix.com/en/

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El miedo I

Leyendo Anatomía del miedo de José Antonio Marina, me encuentro con lo siguiente:

La arbitrariedad del estado policíaco, los atenatados terroristas, los chantajes de cualquier tipo, las crueldades domésticas, los ataques preventivos, las operaciones de escarmiento se sirven del miedo para alcanzar unos objetivos. (…). Por lo tanto, quien puede suscitar miedo se apropia hasta cierto punto de la voluntad de la víctima.

 

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Apología del aburrimiento

Mi hijo de 10 años no se permite ni un segundo de aburrimiento. Vivimos en una sociedad en la que los continuos mensajes estimulantes no paran. Muchos consideran todo esto un gran logro de la sociedad moderna, otros muchos, consideran que todos estos estímulos son los que nos dan placer.

Lo cierto es que ni una, ni otra creo que sean ciertas. Gracias al aburrimiento surgen infinidad de ideas creativas, es más, sin aburrimiento pocas novelas, pocos cuadros, e incluso poca física se habría llevado a cabo.

¿Por qué digo esto? Muy sencillo. Gracias al aburrimiento, es cuando nuestra cabeza no para de discurrir, va saltando de una idea a otra, sin que necesariamente tengamos que estar prestando atención a otra cosa que sea nuestros propios pensamientos.

Es en estos momentos cuando a las cabezas brillantes se les ocurren las grandes historias, la posibilidad de una nueva fórmula o qué se yo que cosas. ¿Os habéis planteado, lo aburrido que tendría que estar Newton sentando debajo de un manzano, para pensar en la ley de gravedad o como debían de ser de tediosas las tardes los conventos o en la carcel para que San Juan de la Cruz escribiera sus obras místicas?

Así, el estar entretenidos, nos impedirá leer, escribir… pensar. Buen, eso esta bien. Yo llego a casa después de una dura jornada de trabajo y lo que más me apetece es encender la TV y dejar de pensar, relajarme, poner mi mente en blanco y dejarme llevar por una sucesión de imágenes (la mayoría sin sentido).

Como bien dice Santiago Alba Rico en El naufragio del hombre: “Hay dos formas de impedir pensar a un ser humano: una obligarle a trabajar sin descanso; la otra, obligarle a divertirse sin interrupción.”

En el fondo es el capitalismo más salvaje, el único beneficiado de esta situación. Consigue dos cosas de un sólo golpe:

  1. Que dejemos de pensar
  2. Nos hace consumir

¿Por qué es importante que dejemos de pensar? Realmente el capitalismo salvaje nos conduce a un consumismo desenfrenado, que será la causa del verdadero apocalipsis. Sabemos que al ritmo que crece la producción, nuestro planeta esta abocado a su destrucción.

Exterminio de especies animales, destrozo de hábitats completos, para poder extraer materias primas necesarias para generar ocio; guerras en cualquier punta del planeta, bien para poder comerciar con petroleo o por coltán, para que podamos en definitva viajar o utilizar nuestras últimas tecnologías. Pensadlo bien.

Nooo, mejor no lo penséis… para eso tenemos el ocio ficticio que a través de neones y la generación de necesidades innecesarias, nos dicen que lo mejor al llegar a casa es encender la tele y dejar de pensar. Mejor es ir Disneyland Paris. Mejor es no pensar.

Así a mi hijo, se le pasan los días sin pensar; mirando alguna anuncios te tv, o jugando en la última consola o quizás mejor yendo a un parque temático y de esta forma no permitirse ni un segundo de aburrimiento.

Dedicado a Kike, para que se aburra un poco más y de rienda suelta a su imaginación.
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