Segun Byung-Chul Han vivimos en la sociedad del rendimiento. Ahora todos somos emprendedores y lo que se busca es aprovechar al máximo nuestro rendimiento, rendimiento laboral, físico, intelectual… Hemos pasado de una sociedad que se basaba en el “deber”; teníamos la obligación de trabajar para mantenernos, de ponernos vacunas para estar sanos, de ir al colegio para para aprender… ahora lo que tenemos es que darle una vuelta de tuerca, la obligación sigue existiendo, pero de el deber hemos pasado a hacerlo porque podemos, porque queremos hacerlo. El individualismo se empodera de las situaciones haciendo que nuestras acciones sean voluntarias, más eficientes, más rápidas… en definitiva mucho más productivas.

Pero sin perder esa disciplina que desde la industrialización se sometió a los trabajadores.

En la sociedad de la disciplina se busca el control, es una sociedad negativa desde el punto de vista del individuo, mientras que en la sociedad del rendimiento se busca el poder, con lo se convierte en una sociedad mucho más positiva. Yes we can o Just do it son eslóganes populares en la sociedad del rendimiento… Tú puedes, hazlo… no nos plantean que nos cuestionemos la obediencia, solo que la asumamos y que intentemos llegar más lejos con ella. Ya no hacemos las cosas por que nos obliguen, sino porque queremos, lo cual es mucho mejor desde el punto de vista de la ordenación social.

Si no haces algo, no es porque no tengas oportunidades, no es porque tengas dificultades en la vida que te impidan prosperar, es porque no quieres, por que no has rendido lo suficiente. La fuerza de la voluntad es tú límite… y no hay otro.

En fin, hay que aprovechar al máximo nuestro rendimiento… si no adelgazamos es porque no queremos ir al gimnasio, si no tenemos trabajo es porque no buscamos nuestras oportunidad, no somos emprendedores, sino nos curamos de una enfermedad, es porque no hemos puesto los medios adecuados para hacerlo…

En  definitiva, somos los responsables de nuestras acciones y nuestros logros. Se hace al individuo responsable, y se exime a la sociedad y al estado de toda su interacción. Esto hace muy interesante el cambio de rumbo en el modelo de sociedad.

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Contra el tiempo

4 octubre 2017

Contra el tiempo, Filosofía práctica del instante es un libro de Luciano Concheiro, podría ser un libro escrito por mi… por lo menos en su análisis de la sociedad actual.

Ya he dedicado varias entradas a analizar como la sociedad capitalista, nos lleva un estilo de vida trepidante. Al igual nos vemos obligados a consumir productos de mercado, bien por moda, bien por obsolescencia programada o bien por mantener un estatus social; poco a poco nos vemos obligados a consumir también nuestra vida a este mismo ritmo, así que debemos tomar ingentes dosis de café para trabajar al ritmo que se nos requiere; o tomar drogas para aguantar el ritmo de nuestra diversión; como también debemos ingerir pastillas para dormir, cuando así lo necesitemos. Las noticias nos enteramos a través de Twitter (del cual nos quedamos con el titular), retuiteamos a velocidad de vertigo, para olvidarlo con la misma velocidad.

Dicha velocidad de consumo, según el autor, nos despoja de nuestra misma existencia. No tenemos tiempo de sentir, de reflexionar sobre nuestra propia vida, de ser nosotros mismos.

¿Qué propone él? Una filosofía práctica del instante. Vivir cada pequeño instante como eternidad.

Todos tenemos una percepción relativa del tiempo, en el que cuando estamos disfrutando de algo, este tiempo parece que pasa volando. Bien, lo que se propone, es que, en lugar de luchar contra la velocidad, contra el consumismo con una desaceleración de la vida, lo cual sería imposible; deberíamos tomar consciencia de esos instantes para hacerlos eternos y así en lugar de frenar y salir despedidos por la inercia, tomar el control de nuestro tiempo.

La fe y el ateísmo

4 noviembre 2015

La fe es un libro, del siempre interesantísimo, Armando Palacio Valdés. En su día conocí a este autor, gracias a que en mi trabajo editamos Tristán o el pesimismo (me imagino que estará descatalogado), una especie de réplica de Cándido o el optimismo de Voltaire.

También es excelente la adaptación que hace Rafael Gil en 1947 con Amparo Rivelles y Rafael Durán como protagonistas, con los que volvía a trabajar después de haberlo hecho en otra gran película del cine patrio como es El Clavo (1944) o en Eloisa está debajo de un almendro (1943)… pero otro día hablaré de más cine español.

Lo que más me ha interesado de esta película es el diálogo que se produce entre el padre Gil (Rafael Durán) y el ateo Alvaro Montesinos (Guillermo Marín) y que aquí os reproduzco:

In vino veritas

16 septiembre 2015

Bajo este sugerente título (en el vino esta la verdad), se esconde a modo de diálogo platónico un decepcionante análisis del amor, llevado a cabo de por Sören Kierkegaard.

Realmente no llega a hacer un análisis del amor casi en ningún momento (el primer y joven contertulio sin ninguna experiencia amorosa, es el único que habla del tema), más bien es un análisis de la mujer, desde un punto de vista machista y misógino; el cual intenta arreglar al final, con el último contertulio no dando verdaderas razones en defensa de la mujer sino intentándonos convencer del desconocimiento que el resto de los contertulios tiene, pero sin mostrar realmente argumentos de igualdad (hombre vs mujer). Desde un punto de vista de superioridad masculina, intentar ver las cosas positivas en las mujeres y que los demás asistentes a la fiesta no ven.

En cualquiera de los casos pasa una y otra vez sobre todos los topicazos que hasta nuestros días, se han mantenido sobre las mujeres… además de adornarlo todo de los clásicos calificativos como que son el “sexo débil”, que no pueden participar de una conversación, dado que sólo “cacarean”, o que apenas tienen un criterio fijo durante unos segundos, ya que no son capaces de tener una opinión sobre algo, son incapaces de pensar, etc…

El otro día escuchaba a una vecina de mi pueblo, ejecutiva de una gran empresa, que estaba demostradísimo que las mujeres no tienen capacidades para las matemáticas, ni tampoco para dirigir un equipo de trabajo… (ella lo hace, pero es la excepción).

Hay que partir de la base de como en el pensamiento occidental, el menosprecio a la mujer ha sido patente durante siglos. Muchos de los grandes pensadores occidentales como Kierkegaard han sido participes de esta concepción que tanto ha calado en nuestra sociedad… claro de él tampoco es él único hay que recordar frases célebres como la de Albert Einstein:

La mujer, está donde le corresponde. Millones de años de evolución no se han equivocado, pues la naturaleza tiene la capacidad de corregir sus propios defectos.

No es de extrañar la falta de oportunidades de las mujeres en la vida, mucho más en el mundo laboral… Hasta mediados del s. XX las mujeres no tuvieron derecho a estudiar, a votar, a trabajar… y todavía hoy nos encontramos con mujeres que en esta falta de oportunidades, truncada por el patriarcado, ven una falta de capacidad intelectual; claro que con el escaso apoyo de los intelectuales de todas las épocas, siempre será difícil que esa igualdad llegue.

En uno de los último capítulos de la novela “La Bodega” de Pablo Zapata Lerga, editado por Última Línea, me encuentro con esta interesante descripción de lo que podría ser un momento de cambio político:

“Las nuevas elecciones supondrían la posibilidad de la libre participación de los partidos políticos. Todos eran presa del señuelo de un paraíso de honradez, de justicia, de igualdad, de participación. Era la alucinación colectiva de un paraíso político nacido del espejismo que les producía la travesía del desierto histórico que habían vivido.”

Aunque la novela se presenta en un contexto histórico totalmente diferente al actual, no ha dejado de llamarme la atención ciertas similitudes. Nuevos partidos como Podemos o Ciudadanos irrumpen en nuestro mapa electoral… y si eso fuera poco plataformas y colectivos se unen con otros partidos para presentarse dentro de un marco de unidad popular.

Unos nos dicen que van a regenerar la vida política, perpetuando las que siempre han existido; otros nos dicen que es hora de que se escuche la voz de la gente, entre todos podemos cambiar las cosas…. sin que realmente cambie nada.

En fin todos vivimos esperanzados ante el señuelo de la honradez, justicia, igualdad y participación como dice el autor del libro; pero la cuestión es, si esto será un mero señuelo para que piquemos un nuevo anzuelo ante el espejismo que nos producen o realmente será el cambio verdadero.

Cita

26 febrero 2014

El capitalismo ha atacado este planeta por tierra, mar y aire. Ha reventado el subsuelo terrestre con pruebas nucleares, ha abierto un agujero de ozono en la estratosfera y llenado de misiles las galaxias. Ha desquiciado el código genetico de las semillas y ha cubierto de brea los océanos.

Carlos Fernández Liria

No quiero trabajar

14 octubre 2013

Si cuesta romper con los prejuicios, cuesta mucho más cuando toda la sociedad esta deacuerdo con algo y cuando digo toda, es toda.

Leyendo el libro de Bob Black, La abolición del trabajo (Ed. Pepitas de calabaza), te das cuenta de hasta que punto tenemos inculcado que el trabajo es bueno, que el trabajo dignifica, de echo es algo que ha conseguido poner de acuerdo a capitalistas, comunistas o nazis…

Bien Bob Black nos invita a que dejemos de trabajar, termina su libro diciendo: “Nadie debería trabajar jamás. Proletarios de todos los paises… ¡Relajaros!”

Este partidario del pleno desempleo, nos dice que debemos tomarnos la vida y sobre todo nuestros quehaceres cotidiaos de forma más relajada, más lúdica. Debemos jugar más y divertinos con lo que hacemos: “Si los troskistas agitan a favor de la revolución permanente. Yo agito a favor de la diversión permanente”.

A mí, mi trabajo me gusta, no puedo decir otra cosa, pero como bien dice Bob en el momento que estoy 8 horas seguidas delante del ordenador día tras día, deja de convertirse en algo en lo que disfruto, por algo que me hace sufrir y los tiempos de descanso, dejan de ser divertidos también, ya que estoy demasiado preocupado en descansar o desconectar, para que sean momentos de disfrute. Son sólo momentos de no-trabajo… son momentos para recuperarme y volver a trabajar.

Bob no aboga por que no hagamos nada, sino simplemente que hagamos las cosas que nos apetezcan, cuando nos apetezcan… y sobre todo que disfrutemos con lo que hacemos sin tener que estar haciendo por obligación a cambio de un salario: “Hay que transformar el trabajo en un abanico de placenteros pasatiempos lúdicos y artesanales”

Bueno,si quereis leer algo más sobre este tema os dejo un enlace muy interesante:

http://weblogs.clarin.com/revistaenie-nerdsallstar/2009/01/07/no_trabajes_nunca/

Vuelta al cole…

1 octubre 2013

“…a los niños se le envía a campos de concentración juveniles, llamados “escuelas”, fundamentalmente para que dejen en paz a mamá sin dejar de estar controlados, pero también para que adquieran de paso los hábitos de obediencia y puntualidad, tan imprescindibles para un trabajador.”

Bob Black, La abolición del trabajo (Ed. Pepitas de calabaza)

Leyendo La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, me encuentro con interesante tesis sobre la culpabilidad.

A través de mito de Edipo, nos muestra como alguien no tiene que ser realmente consciente de un mal causado, para saber que es culpable de un hecho.

Empecemos recordando el mito, para los que no lo conozcáis. Siendo bebé, Edipo es abandonado y encontrado por un pastor que lo lleva ante su rey, éste lo cría y lo educa. Cuando Edipo es joven, se cruza en un camino con otro rey, con el cual surge una disputa y Edipo lo mata… Más tarde se casa con la mujer de dicho rey y de esta forma se convierte en rey de Tebas. Edipo no supo hasta más tarde que el hombre al que había matado era su padre y la mujer con la que dormía, no era otra que su propia madre… Cuando Edipo descubre el entuerto y ve las consecuencias que sus acciones han traí­do a Tebas, decide arrancarse los ojos y marcharse de su ciudad.

Bien podríamos decir que Edipo no es realmente culpable de lo sucedido, no sabía que el hombre al que mato era su padre y que la mujer con la que yacía era su madre, pero aun así, cuando realmente descubre la verdad, se siente obligado a arrancarse los ojos para no ver lo que ha hecho.

Como plantea Kundera en su novela, perfectamente podemos trasladar esta situación a la clase política, nos encontramos que en el mejor de los casos algunos políticos no sepan lo que sucede en sus partidos, que son ajenos a como se financian, no saben muy bien que hacen algunos de sus compañeros. Pero ¿les exime ese desconocimiento inicial de su culpa?

Quizás, podemos dejar en entredicho, si realmente no sabían lo que pasaba o simplemente no querían saberlo. Pero desde el momento en el que se hacen públicos los hechos, ahí ya no pueden ocultar nada, desde ese momento tienen que asumir su culpa, como hizo Edipo y arrancarse los ojos y marcharse; en sentido figurado, claro.

Craven y la identidad

24 julio 2013

Craven y Nada es lo que es

í c Craven y Nada es lo que es

Después de leer Nada es lo que es, de Daniel Tubau… decidí comentarlo con Craven.