Actualidad

Apología de la traición

Según la DRAE es “falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener”.

Pero ¿a qué tenemos que tener lealtad o fidelidad? Y sobre todo ¿cuánto tiempo debemos tenerla?

En fin, ¿qué pasa cuando traicionamos algo?… ¿Tenemos siempre que ser fieles a una idea? ¿Qué pasa cuando cambiamos de idea? ¿Eso es malo o por el contrario es algo positivo, evolucionar en nuestro pensamiento, valorar otros puntos de vista, observar otras opciones?

Quizás así planteado no se vea con malos ojos la traición, podemos pensar que la evolución del pensamiento, es algo que hacemos todos, y que realmente eso no es una traición, que no debería definirse con esa palabra, sino más bien como evolución del pensamiento, pero quizás seamos de los que pensemos que hay principios que nunca cambian, que son inalterables.

¿Es esto realmente así?

Pues tampoco, mis principios también han cambiado… No tengo los mismos que hace 20 años. ¿Es esto también negativo?

Por ejemplo, tenemos un gran amigo de la infancia o juventud, dejamos de verle durante años, y cuando nos reencontramos con él, vemos  que piensa de forma totalmente diferente como lo hacía cuando nos conocimos, y comentamos… este no es el Fulanito que yo conocía, ha cambiado, no es él mismo…

Realmente es el mismo, sólo ha cambiado sus ideas, sus principios… para su amigo, probablemente haya traicionado todo aquello en lo que creía cuando era más joven, pero él sigue siendo él mismo. No ha traicionado nada, solamente ha evolucionado. A veces pensaremos, por nuestra afinidad, que esos cambiados han sido para bien (entonces no se considerará traición), y otras veces será para mal (y entonces, esas serán las verdaderas traiciones).

¿A qué debemos ser fieles, a la patria, a una bandera, a una mujer o a una idea? Personalmente, no creo que ninguna de estas cosas sean tan importantes, como para no hacer lo que creamos correcto en todo momento. Quizás esa sería un principio al que debiéramos permanecer fiel “hacer lo que creamos correcto en todo momento” como si fuera el Imperativo categórico kantiano, pero si nuestra visión de lo correcto varía como una veleta, tampoco creo que tenga mucho sentido, pensar que haya que serle muy fiel a ese principio.

Al final, el error esta en pensar que es más virtuoso o más recto de moral, el fiel que el infiel, el leal que el traidor.

Desde luego, no puedo pensar que es mejor persona la que mata a un vecino por ser leal a su patria; o el que vive atado a una mujer que no quiere, sólo porque en algún momento de su vida la juro amor eterno y no se permite el serle infiel; o el que traiciona a un camarada por su ideología a cambiado.

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Educación

La educación y la estética 3

Enseñanza estética vs enseñanza científica

Kant establece en su crítica del juicio una diferencia entre el “talento para la ciencia” y el “talento para las artes” entendiendo por talento una dotación “natural” del sujeto.

Mientras que la ciencia va precedida de reglas claramente conocidas, las cuales determinan los procedimientos, el talento para las artes produce aquello para lo cual no puede darse regla determinada alguna, este talento es lo que Kant denominara “genio”.

Por lo tanto se establece que mientras el talento para la ciencia se adquiere y se aprende por imitación de métodos, en definitiva de la naturaleza, en el arte no vale la imitación, el genio no se puede enseñar pero según el planteamiento actual en la educación cualquier iniciativa en ese sentido se ve truncada de raíz. Así el individuo pierde toda la autonomía, en una educación basada en la acumulación de conocimientos, dejando de lado la educación en valores, la creatividad y las habilidades para las artes.

Esta situación nos ha llevado a tener una enseñanza reglada, dónde sólo se enseña a adquirir una serie de conocimientos básicos que nos sirvan para introducirnos en una sociedad de consumo. Es decir, unos conocimientos donde con apenas saber leer y escribir; y realizar operaciones sencillas matemáticas (sumar, restar, multiplicar y dividir), nos ayudan a desenvolvernos en nuestra vida cotidiana de sociedad del bienestar, donde tanto tienes tanto vales, y hacernos dependientes, y por tanto faltos de autonomía, entendida ésta en términos de Kant.

Se nos plantea el mismo problema que ya tuvo Kant con la monarquía prusiana, en la que ponía en boca de Federico el Grande: “Razonad cuanto queráis y sobre lo que queráis, pero obedeced”. Nuestros niños-jóvenes se encuentran en un sistema de falsas libertades, donde se les exige razonar cualquiera de sus actos, pero sin salirse de las normas establecidas y sin permitir cuestionarse la autoridad vigente.

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