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Fotografía y la sociedad de consumo

En contestación al comentario recibido por El tocapelotas en mi entrada anterior, he escrito esta nueva entrada, iba a contestarle directamente, pero me extendí tanto en mis explicaciones que consideré interesante dedicarle una nueva entrada.

A lo que yo quería llegar e intentaba demostrar, quizás de manera demasiado sutil, es que los comportamientos convulsivos no los considero inherentes al ser humano, sino al mundo occidental. No soy un gran conocedor del mundo nipón, pero es de sobra conocida, los comportamientos llevados a extremos que tienen (jóvenes recluidos en su cuarto, o los denominados soltero parásito, o la fobia social que sufren muchas personas en dicho país, por no hablar de sus trastornos sexuales). Es decir tienen comportamientos verdaderamente compulsivos (llevados a la enfermedad), no hay que negarlo, pero esto sólo ocurre en el mundo capitalista, industrializado o el llamado primer mundo.

Volviendo a la sociedad japonesa, es bien conocida su parodiada forma de entender la fotografía, decenas de japoneses haciendo turismo, bajándose  de un autobús, hacen miles de fotos en algún sitio turístico y se vuelven a subir al autobús, hasta su siguiente destino. La fotografía no a escapado a esta cultura basada en el consumo, y a eso es, a lo que yo voy a parar.

Hemos trasladado una forma de consuno, comprar, usar y tirar, a una disciplina que en origen se había planteado como artística. Con esto no quiero decir, que la fotografía no pueda evolucionar, y se convierta en una forma de comunicación, ocio, o lo que quiera cada uno… ni por supuesto, que la fotografía esta reservada a una élite, con gusto estético, que sean los únicos que puedan disfrutar de ella y compartirla (como puede pasar con cierto arte moderno, incomprensible para el gran público y que sólo puede ser apreciado y valorado por expertos). Precisamente si hay algo que me gusta de esta disciplina, es como ha sido capaz de democratizar el arte y hacerlo accesible a todo el mundo (tanto su comprensión como su ejecución).

La fotografía, en su tándem con las redes sociales, se han convertido en una forma más de capitalismo salvaje. Es más importante hacernos un selfie o hacernos una foto de lo que vamos a comer, cuando vamos a un restaurante, que disfrutar de dicha comida, o del lugar en el que nos encontramos. Dejamos de compartir el momento con la gente que estamos, para hacerlo con los cientos de “amigos” que tenemos en las redes sociales.

Dejamos de disfrutar de una buena comida, de una buena conversación, disfrutar de un buen paseo por una ciudad desconocida; eso deja de tener importancia, por que lo importante es hacernos una foto y compartirla. Mañana nosotros no recordaremos ningún instante mágico, por que estuvimos ocupados haciendo fotos y compartiéndolas, y mis “amigos” tampoco recordaran la foto dentro de el caudal de información recibido a través de las redes.

De esto es de lo que habla el fotógrafo de la película:

– A veces no la saco si me gusta el momento, a mi personalmente no me gusta que me distraiga la cámara, quiero formar parte de ello.

Por otro lado estoy totalmente de acuerdo, con el análisis de que las personas tienen una necesidad de comunicarse, y que las redes sociales es una excelente manera de hacerlo. Me parece bien, compartir fotos, inquietudes, o pensamientos… En fin, mi análisis no era una crítica a las redes sociales o la necesidad de comunicación; sino más bien a la sociedad de consumo y como dicha sociedad lo fagotiza todo, incluido en este caso, la fotografía.

Soy un gran defensor del decrecimiento, esto no significa dejar de consumir, sino hacer un consumo moderado y responsable; e igual que intento llevar esta filosofía de vida a mis hábitos de consumo, lo llevo también a otros factores como la fotografía y al uso de las redes sociales.

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Sentido de la democracia

El otro día con un amigo, me argumentaba que el no votaría a un partido o a un programa político, sino a las personas. Comentaba que los programas en política son realmente irrealizables y que un partido, que realmente, no esté en el gobierno, nunca conocerá la realidad económica del país y que, de esta forma, es imposible llevar cualquier programa a la práctica.

Al votar a la persona, por lo menos, estarías votando a alguien que tu consideres honrado, alguien que realmente, fuera capaz de llevar a cabo su función.

Bien, la verdad es que no estoy de acuerdo con estas afirmaciones por lo siguiente:

1º Yo no voto a la persona, sino al programa, las personas por una u otra razón pueden cambiar de opinión. Los programas, en cambio, son los que permanecen escritos, son las razones por las que yo voto a un partido político y son sobre esas propuestas, sobre las que voy a pedir cuentas.

Si alguien en su programa, promete el pleno empleo, deberías tener el equipo humano y los mecanismos necesarios para poder llevarlo a cabo y sino lo cumples evidentemente no te volveré a votar.

2 Ante esta primera argumentación, mi amigo la rebatió diciéndome que, realmente, nadie sabía como estaba la situación real de un país hasta que no llegaba al gobierno, y que por tanto era imposible cumplir sus promesas.

Bien estamos en una sociedad, en la que es raro que alguien se dedique a la política sin haber hecho, de ello, su carrera profesional (con lo que también estoy en desacuerdo), realmente son pocos los políticos que vienen de otros sectores que no sean la propia política.

Por lo tanto, cunado yo tengo un trabajo, no puede ser que desconozca los datos más importantes y relevantes de dicho trabajo. Por ejemplo, no puede ser que alguien se presente a presidente del gobierno o quizás de una comunidad autónoma sin saber que es lo que se va a encontrar al llegar.

Es su trabajo, a eso te dedicas, y no puede ser que prepares un programa o un proyecto sin tener los datos de los cuales tienes que partir para llevarlo a cabo.

Es como si yo, presento un presupuesto a un cliente sin saber que trabajo tengo que hacer.

3 Por último, como ya he anticipado antes, creo que la política tiene que ser algo vocacional, que ha de ser un servicio que ofreces a tus vecinos, ciudadanos, etc… Por supuesto que todos los políticos, además, deberían de ser honrados, independientemente del programa o del partido, la honradez debería ser la primera cualidad de cualquier persona que se dedique a política. Si partimos de la base de que me prometes cualquier cosa en el programa, para llevarte mi voto, pero luego no se va a cumplir… ¡poco honrado me parece ya, este principio!

Como conclusión, quiero aclarar que con estas líneas no me interesa crear ningún tipo de polémica, sino simplemente aclarar mi postura por si a alguien le puede servir de algo, a la hora de decidir a quien votar (o no).

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La guerra es bella

No existe belleza alguna si no es en la lucha… Queremos glorificar la guerra… Estos son dos extractos de los enunciados que encontramos en el Manifiesto Futurista, de Filippo Tomasso Marinetti.

Realmente, cuando leí dicho manifiesto, me sorprendió mucho leer dichas afirmaciones. Nunca había pensado en la guerra en términos estéticos, sino en términos morales. Para mi la guerra esta mal y no hay nada que justifique lo contrario. Nunca habrá nada que justifique la violencia… pero claro esto sería debate para otro día, hoy no quiero hablar de la moralidad de la violencia, si no de la guerra desde un punto de vista estético.

Después de leer dicho manifiesto, queda claro que empecé a reflexionar sobre el tema y pensé en la gente que recrea batallas napoleónicas con soldaditos de plomo o los que durante horas montan maquetas de tanques o aviones para luego exponerlo en una vitrina. Claro, que alguno pensará que todo esto son banalidades pueriles; pero también podemos pensar el lo glorioso y sublime que a ciertas personas le parecen los desfiles militares: millares de personas desfilando a lo unísono, todos ellos bien uniformados. Hay incluso quien considera bello el armamento y lo colecciona, o incluso, en mi ciudad, Madrid, hay un museo del ejercito… y además esta bien pegadito al museo de El Prado.

Bien, después de llegar a la conclusión que hay montones de gente que les debe parecer realmente bello la guerra y todo lo relacionado con ello, sólo me quedó pensar que tipo de personas pueden ser estas.

Evidentemente el Manifiesto Futurista, estaba ideado por fascistas… (no tiene desperdicio el punto 10, que dice: Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y contra la vileza oportunista y utilitaria).

A los que también les encantan los grandes desfiles militares es a cualquier tipo de gobierno dictatorial, sea del color que sea, el cual siempre sirve para ensalzar su poderío militar y hacerse valer ante cualquier potencia que amenace acabar con dicha forma de gobierno.

Para contrastar estas opciones no hay más que ver el Monumento nacional a Víctor Manuel II, en pleno centro de Roma en cual incluye una antorcha al soldado caído o bien cualquiera de los monumentos que podemos encontrar en Pyongyang, como el monumento a los Soldados. En cualquiera de ellos se muestra la grandeza de los regímenes autoritarios, perfectamente reflejado en sus obras de arte.

El principal problema es que toda esta estética, todas estás obras de arte, toda esta grandeza, se basa principalmente en la anulación del individuo como tal. El hombre deja de ser hombre, para convertirse en una masa uniformada; bien en un desfile, bien en una escultura. No prima la persona, sino el colectivo que representa. De esta forma, anulando al individuo, son capaces sus dirigentes de conducir a una masa, hacía los designios de un bien supuestamente comunal, como puede ser el exterminio judío, llevado a cabo por los nazis o el de personas con gafas como hacían los Jemeres rojos.

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Sobre el diseño

Lo común es mayor la ansiedad que causa el deseo de tener vestidos a la moda, o por lo menos limpios y sin parches, que tener una conciencia cabal.

Walden, Henry David Thoreau

El objetivo del diseño es hacer más atractivas de las cosas. Según un público objetivo, diseñamos cosas y creamos tendencias, pero siempre con un mismo objeto “vender”.

Podemos hablar de diseño de moda, diseño gráfico o diseño industrial…. Realmente no hay mucha diferencia. Pero, al final, el diseño se ha terminado poniendo al servicio del mercado en lugar de ser al revés.

Es decir cuando sale cualquier producto nuevo, requiere de un diseño, el mercado está al servicio de dicho diseño… tenemos un producto nuevo y tenemos que darle forma, hacerlo atractivo, hacer un folleto que explique adecuadamente como funciona y qué es.

Pero pronto, se dio la vuelta a la tortilla, tenemos productos, que se consumen, se venden, funcionan bien, son atractivos y agradables para el usuario y sin embargo el mercado ve la necesidad de cambiar el diseño para que el mismo producto, se vuelva a vender. Se crea la necesidad de actualizar los modelos para que los usuarios vuelvan a conseguir un producto que ya funcionaba.

Esto se ve, perfectamente, con el diseño de moda. De una temporada a otra, cambian las prendas, los colores y nos crean la necesidad de consumir nuevos productos, tenemos que desechar las viejas, simplemente porque está pasado de moda. No han dejado de cumplir su función, no son inservibles, sólo su diseño ha quedado obsoleto.

Deberíamos sobreponernos a las necesidades impuestas por el mercado y no dejarnos engañar por diseños llamativos o actualizados.

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S. XX

Declaración universal de los derechos humanos

Artículo 2.

  • Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
  • Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.
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ética

Abusones

Cada vez me sorprendo más al ver la autoridad con la que muchos adultos les dicen a los niños lo tienen o no tienen que hacer.

Es fácil, para mi que tengo hijos, ver como se acerca cualquier adulto y les regaña, porque están subidos en un cubo de basura, porque están jugando a la pelota en un patio de vecinos y molestan, o simplemente porque van corriendo por la calle….

Mucha gente argumenta que a estos niños les falta educación, que hacen las cosas sin pensar y que ya que sus padres (o yo en este caso) no enseñamos a comportarse a los niños de forma adecuada.

Realmente esto no es así, no es un afán educador el que mueve a estas personas, sino un abuso de autoridad. Se saben adultos y superiores a los niños, por lo que no tienen ningún problema en hacer uso de esa superioridad y demostrarla.

Será muy difícil ver a estas mismas personas decirles algo parecido si los que están jugando al balón son adolescentes y casi imposible si son adultos. En estos casos ya no nos sentimos tan buenos educadores, y ante la posible respuesta de un “igual”, decidimos pasar de largo y quedarnos callados.

Este abuso de superioridad se ve claramente en el maltrato animal, en el que los humanos, considerandonos superiores, creemos estar por encima de otras especies, y esto nos permite ir dando tirones de nuestras mascotas por la calle, darles una patada cuando salen a la puerta a recibirnos y hemos tenido un mal día, o en el peor de los casos abandonarlas cuando simplemente nos hemos cansado de ella.

Como vemos no faltan ejemplos, en los que, cuando alguien se considera superior, no duda en abusar del inferior, de hecho nos sobran casos en el cine americano, en los que una pandilla de abusones adolescentes corren detrás de un pobre chaval que trata de huir en una maltrecha bicicleta.

A modo de conclusión, solo pediré, que si lo que queremos es dar muestras de civismo y educar al resto de la población en buenos hábitos de conducta, que no nos limitemos solo a decírselo a los niños, sino también a los adultos, aquellos que tiran papeles al suelo a nuestro paso y también a aquellos que nos despiertan por la noche cantando Asturias, patria querida… No nos limitemos sólo a los niños, ejerciendo un abuso de poder y autoridad, ya que al fin y al cabo sólo haremos eso… abusar.

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