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Génesis

No es sólo una magnífica exposición de fotos, es más… es toda una declaración de intenciones. A Sebastiao Salgado después de su anterior proyecto Nómadas, no le quedaron fuerzas para seguir retratando la miseria de este mundo. Así que decidió recorrerlo esta vez en busca de sus orígenes. Buscó regiones remotas, vastas y salvajes, alejadas lo más posible del mundo moderno.

Lugares como la selva amazónica de Venezuela o las regiones más inhóspitas de Siberia, así como un recorrido por ambos polos, nos transportan a lugares más bellos de los cinco continentes.

La vida salvaje de estas regiones, se ve perfectamente retratada a través de la tribus, la fauna del lugar y la flora; así como, a través de los paisajes inmensos y profundos.

Todas sus fotos son en blanco y negro, buscando el aprovechamiento de las luces tempranas o vespertinas, y así poder dibujar con esmero, gracias a las luces y sombras producidas un paisaje único y envidiable. Otro factor a destacar en sus fotos el uso generalizado de nubes, para presentar siempre unos cielos poco monótonos y dar un valor añadido a cada foto.

Pero como he dicho al principio, no es sólo una exposición, es toda una declaración de intenciones, en la que nos quiere transmitir la fragilidad de un planeta, que nos estamos cargando y que entre todos debemos proteger y cuidar.

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La manipulación

Ya he hablado varias veces de como estamos anestesiados y el problema de la sobre estimulación causada por todos lo tipos de gadget que nos encontramos en nuestro entorno… bien aquí os dejo una intereante película, dirigida por Chicho Ibañez Serrador, para su serie Historias para no dormir… ¡Juzgad vosotros mismos!

…y espero que esta noche no os durmais en el sofá delante de la TV. Je je je…

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La anestesia social

La sociedad moderna esta sobrecargada de estímulos, esto es algo que ya he dicho en más de una ocasión. Leyendo el artículo “Estética y anestésica. Una revisión del ensayo de Walter Benjamin sobre la obra de arte” de Susan Buck-Morss, veo que esta idea ya lleva rodando por el mundo desde el inicio de la tecnología al servicio de las obras del arte. Susan, en su estudio, nos habla de cómo las obras de arte han pasado de una contemplación estática, en la que alguien podía pasar horas contemplando un cuadro o una escultura durante horas, a los 24 fotogramas por segundo (fps) a los que se reproduce una película. Para sobrevivir a las condiciones de “shock” que produce a la sociedad moderna, dicha sobre-estimulación, la respuesta del inconsciente humano se ha convertido en imprescindible para nuestra supervivencia. Las respuestas, son directamente actos reflejos, que nunca llegan a calar en nuestro cerebro. A no ser que llegue a conectar con la memoria sensorial del pasado. Nuestro cerebro esta preparado para detener la gran cantidad de estímulos a las que nos vemos expuestos y la forma de detenerlos es mediante como dice Susan la “anestésica”.

«La inversión dialéctica por la cual la estética cambia de un modelo de ser cognitivo “en contacto” con la realidad, a un modo de bloquear la realidad, […]»

¿Qué quiere decir esto? Que ante la gran sobre-estimulación bloqueamos el cerebro, como si estuviéramos anestesiados, siendo incapaces de reaccionar ante cualquiera de los estímulos cotidianos que nos llegan constantemente. De esta forma, igual que si nos suministraran una droga, somos incapaces de reaccionar ante la mayoría de las impresiones que llegan a nuestro cerebro y sólo somos capaces de digerir información, momentáneamente, en 130 caracteres o 24fps. Estas reacciones individuales, al producirse de forma generalizada, se termina convirtiendo en un medio de control social. Estamos cansados de llamar a la TV, “la caja tonta”; ahora ya no está sólo la TV, tenemos ordenadores, tablets, smarth phones… que realmente al igual que a la TV habría que pasar a llamar “dumb phones”, gracias a los cuales nos tienen drogados y anestesiados, sin otra finalidad que alineación de la sociedad.

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La guerra es bella

No existe belleza alguna si no es en la lucha… Queremos glorificar la guerra… Estos son dos extractos de los enunciados que encontramos en el Manifiesto Futurista, de Filippo Tomasso Marinetti.

Realmente, cuando leí dicho manifiesto, me sorprendió mucho leer dichas afirmaciones. Nunca había pensado en la guerra en términos estéticos, sino en términos morales. Para mi la guerra esta mal y no hay nada que justifique lo contrario. Nunca habrá nada que justifique la violencia… pero claro esto sería debate para otro día, hoy no quiero hablar de la moralidad de la violencia, si no de la guerra desde un punto de vista estético.

Después de leer dicho manifiesto, queda claro que empecé a reflexionar sobre el tema y pensé en la gente que recrea batallas napoleónicas con soldaditos de plomo o los que durante horas montan maquetas de tanques o aviones para luego exponerlo en una vitrina. Claro, que alguno pensará que todo esto son banalidades pueriles; pero también podemos pensar el lo glorioso y sublime que a ciertas personas le parecen los desfiles militares: millares de personas desfilando a lo unísono, todos ellos bien uniformados. Hay incluso quien considera bello el armamento y lo colecciona, o incluso, en mi ciudad, Madrid, hay un museo del ejercito… y además esta bien pegadito al museo de El Prado.

Bien, después de llegar a la conclusión que hay montones de gente que les debe parecer realmente bello la guerra y todo lo relacionado con ello, sólo me quedó pensar que tipo de personas pueden ser estas.

Evidentemente el Manifiesto Futurista, estaba ideado por fascistas… (no tiene desperdicio el punto 10, que dice: Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y contra la vileza oportunista y utilitaria).

A los que también les encantan los grandes desfiles militares es a cualquier tipo de gobierno dictatorial, sea del color que sea, el cual siempre sirve para ensalzar su poderío militar y hacerse valer ante cualquier potencia que amenace acabar con dicha forma de gobierno.

Para contrastar estas opciones no hay más que ver el Monumento nacional a Víctor Manuel II, en pleno centro de Roma en cual incluye una antorcha al soldado caído o bien cualquiera de los monumentos que podemos encontrar en Pyongyang, como el monumento a los Soldados. En cualquiera de ellos se muestra la grandeza de los regímenes autoritarios, perfectamente reflejado en sus obras de arte.

El principal problema es que toda esta estética, todas estás obras de arte, toda esta grandeza, se basa principalmente en la anulación del individuo como tal. El hombre deja de ser hombre, para convertirse en una masa uniformada; bien en un desfile, bien en una escultura. No prima la persona, sino el colectivo que representa. De esta forma, anulando al individuo, son capaces sus dirigentes de conducir a una masa, hacía los designios de un bien supuestamente comunal, como puede ser el exterminio judío, llevado a cabo por los nazis o el de personas con gafas como hacían los Jemeres rojos.

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Realidad distorsionada

El otro día después de leer el libro de Joan Foncuberta “la cámara de pandora”, estuve viendo la película Memento, en la cual un hombre ha sufrido un grave transtorno celebral. Dicho trastorno hace que pierda la memoría reciente, recuerda el pasado más lejano (antes de sufrir dicho trastorno), pero nada de lo acontecido después.

Bien, para poder acordarse de las cosas recurre a un método sistemamático para que no se le olvide nada. Va fotografiando todo y anotando por que es importante esa foto para él.

Ya hace tiempo estuve escribiendo sobre este tema y como la fotografía esta relacionada con la ontología en su base más profunda. La fotografía no permite “ser” desde el momento que nos recerda, que nos somos, que hicimos y con quién estuvimos. Esta memoría, recopilada en imágenes, es esencial para las personas, ya que nos permiten situarnos como personas, en un espacio y un tiempo. Sin ellas, como le sucedería al personaje de la película, estariamos perdidos en un pasado incierto, en el que los recuerdos se trastocarían, dónde la realidad perdería credibilidad.

Dicho personaje, va reflejando en cada fotografía y en un cuerpo lleno de tatuajes su pasado reciente.

Como ya dije anteriormente también: La fotografíaesta distorsionada, porque muestra una realidad que también lo está. Así el personaje mira en sus fotografías una verdad, una realidad, que él se está creando al ritmo de sus fotos.

Hay otra película interesante dónde vemos este mismo efecto: Blade Runner. Alí nos encontramos con unos robots (replicantes) que no son humanos y como tales no tienen memoría ni sentientos… no tienen recuerdos de su infancia, simplemente porque no han tenido infancia. Sin embargo nos encntramos con el último modelo de robot, que incluso tiene fotos de como fue su infancia. Ella recuerda a través de dichas fotos, como fue de niña…

Con estos dos ejemplos observamos como una vez más las fotografías nos muestran una realidad, en la que sus dueños le dan una credibilidad indudable. Podrían decir, tengo fotos luego existo, pero como ya pensaba Descartes en su famoso discurso, estas creencias no son verdades como tales, podemos ser victimas un demonio maligno que nos engaña una y otra vez, mostrandonos una realidad que no es. Ahora más que nunca podemos pensar que así es y a nadie le faltará la razón, no porque las fotos nos engañen, sino porque nosotros queremos que así lo haga. ¿Es la fotográfica dicho demonio? No. Somos nosotros mismo los que trastocamos la realidad una y otra vez, sin dejar mostrar la objetividad del objetivo.

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