S. XX

Los niños de la estación Leningradsky

Cuando cae el sistema sovietico, la sociedad rusa, no supo llevar a cabo tantos cambios como se les vinieron encima. Como suele suceder en estos casos, la peor parte se la llevaron los sectores más desprotegidos.

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Craven opina sobre el consumo

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Fotografía y la sociedad de consumo

En contestación al comentario recibido por El tocapelotas en mi entrada anterior, he escrito esta nueva entrada, iba a contestarle directamente, pero me extendí tanto en mis explicaciones que consideré interesante dedicarle una nueva entrada.

A lo que yo quería llegar e intentaba demostrar, quizás de manera demasiado sutil, es que los comportamientos convulsivos no los considero inherentes al ser humano, sino al mundo occidental. No soy un gran conocedor del mundo nipón, pero es de sobra conocida, los comportamientos llevados a extremos que tienen (jóvenes recluidos en su cuarto, o los denominados soltero parásito, o la fobia social que sufren muchas personas en dicho país, por no hablar de sus trastornos sexuales). Es decir tienen comportamientos verdaderamente compulsivos (llevados a la enfermedad), no hay que negarlo, pero esto sólo ocurre en el mundo capitalista, industrializado o el llamado primer mundo.

Volviendo a la sociedad japonesa, es bien conocida su parodiada forma de entender la fotografía, decenas de japoneses haciendo turismo, bajándose  de un autobús, hacen miles de fotos en algún sitio turístico y se vuelven a subir al autobús, hasta su siguiente destino. La fotografía no a escapado a esta cultura basada en el consumo, y a eso es, a lo que yo voy a parar.

Hemos trasladado una forma de consuno, comprar, usar y tirar, a una disciplina que en origen se había planteado como artística. Con esto no quiero decir, que la fotografía no pueda evolucionar, y se convierta en una forma de comunicación, ocio, o lo que quiera cada uno… ni por supuesto, que la fotografía esta reservada a una élite, con gusto estético, que sean los únicos que puedan disfrutar de ella y compartirla (como puede pasar con cierto arte moderno, incomprensible para el gran público y que sólo puede ser apreciado y valorado por expertos). Precisamente si hay algo que me gusta de esta disciplina, es como ha sido capaz de democratizar el arte y hacerlo accesible a todo el mundo (tanto su comprensión como su ejecución).

La fotografía, en su tándem con las redes sociales, se han convertido en una forma más de capitalismo salvaje. Es más importante hacernos un selfie o hacernos una foto de lo que vamos a comer, cuando vamos a un restaurante, que disfrutar de dicha comida, o del lugar en el que nos encontramos. Dejamos de compartir el momento con la gente que estamos, para hacerlo con los cientos de “amigos” que tenemos en las redes sociales.

Dejamos de disfrutar de una buena comida, de una buena conversación, disfrutar de un buen paseo por una ciudad desconocida; eso deja de tener importancia, por que lo importante es hacernos una foto y compartirla. Mañana nosotros no recordaremos ningún instante mágico, por que estuvimos ocupados haciendo fotos y compartiéndolas, y mis “amigos” tampoco recordaran la foto dentro de el caudal de información recibido a través de las redes.

De esto es de lo que habla el fotógrafo de la película:

– A veces no la saco si me gusta el momento, a mi personalmente no me gusta que me distraiga la cámara, quiero formar parte de ello.

Por otro lado estoy totalmente de acuerdo, con el análisis de que las personas tienen una necesidad de comunicarse, y que las redes sociales es una excelente manera de hacerlo. Me parece bien, compartir fotos, inquietudes, o pensamientos… En fin, mi análisis no era una crítica a las redes sociales o la necesidad de comunicación; sino más bien a la sociedad de consumo y como dicha sociedad lo fagotiza todo, incluido en este caso, la fotografía.

Soy un gran defensor del decrecimiento, esto no significa dejar de consumir, sino hacer un consumo moderado y responsable; e igual que intento llevar esta filosofía de vida a mis hábitos de consumo, lo llevo también a otros factores como la fotografía y al uso de las redes sociales.

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Fotografía y redes sociales

En la versión moderna de La vida secreta de Walter Mitty, cuando Walter por fin encuentra al fotógrafo Sean O’Connell, esté aparece esperando a un leopardo de las nieves (el gato fantasma, por que nunca se deja ver)… después de días esperando le dice a Walter:

– Las cosas hermosas no buscan llamar la atención.

Por fin aparece el leopardo… y Walter le pregunta cuando va a sacar la foto. Él responde:

– A veces no la saco si me gusta el momento, a mi personalmente no me gusta que me distraiga la cámara, quiero formar parte de ello.

– ¿Formar parte? – preguntar Walter.

– Si estar ahí, estar aquí…  ya está, se acabó.

Las acciones compulsivas, sólo nos llevan de una forma u otra a consumir, consumir, consumir… da igual consumir en unos grandes almacenes, que consumir a la hora de hacer nuestras fotos. La manera que se tiene ahora de hacer fotografía (sobre todo con el móvil) es compulsiva, no hay una reflexión detrás de cada imagen, sólo un intento de demostrar donde estamos y que hacemos y compartirlo cuento antes en nuestras redes sociales… esa imagen mañana se perderá en la marea de las miles de publicicaciones que recibimos y a nadie le interesará; problemente ni a nosotros mismos.

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Sobre el diseño

Lo común es mayor la ansiedad que causa el deseo de tener vestidos a la moda, o por lo menos limpios y sin parches, que tener una conciencia cabal.

Walden, Henry David Thoreau

El objetivo del diseño es hacer más atractivas de las cosas. Según un público objetivo, diseñamos cosas y creamos tendencias, pero siempre con un mismo objeto “vender”.

Podemos hablar de diseño de moda, diseño gráfico o diseño industrial…. Realmente no hay mucha diferencia. Pero, al final, el diseño se ha terminado poniendo al servicio del mercado en lugar de ser al revés.

Es decir cuando sale cualquier producto nuevo, requiere de un diseño, el mercado está al servicio de dicho diseño… tenemos un producto nuevo y tenemos que darle forma, hacerlo atractivo, hacer un folleto que explique adecuadamente como funciona y qué es.

Pero pronto, se dio la vuelta a la tortilla, tenemos productos, que se consumen, se venden, funcionan bien, son atractivos y agradables para el usuario y sin embargo el mercado ve la necesidad de cambiar el diseño para que el mismo producto, se vuelva a vender. Se crea la necesidad de actualizar los modelos para que los usuarios vuelvan a conseguir un producto que ya funcionaba.

Esto se ve, perfectamente, con el diseño de moda. De una temporada a otra, cambian las prendas, los colores y nos crean la necesidad de consumir nuevos productos, tenemos que desechar las viejas, simplemente porque está pasado de moda. No han dejado de cumplir su función, no son inservibles, sólo su diseño ha quedado obsoleto.

Deberíamos sobreponernos a las necesidades impuestas por el mercado y no dejarnos engañar por diseños llamativos o actualizados.

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