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Rouseau y el buen salvaje

Según Rousseau en la Europa occidental, el gobierno, las leyes y las costumbres son una gran mentira. Una sociedad de progreso, basada en la libre competencia, solo ha generado engaños, destrucción y traiciones de unos a otros.

El hombre que se dice “de bien” es el que no precisa de engañar a nadie y ese hombre es el salvaje, el que realmente aun no estado en sociedad. De aquí el concepto de que Rousseau idealiza al “buen salvaje”.

Estas tesis parten como antítesis de otras teorías predominantes en su época… de esta manera Locke apuesta por elogiar el trabajo, la productividad y la acumulación de capital, por ejemplo no tenía ningún problema en elogiar el expolio a los indios o la esclavitud; Kant, también elogiaría la competencia y Smith padre del capitalismo, era un gran defensor de la propiedad privada y la sociedad comercial…

Ante estas corrientes predominantes, Rousseau, critica la competencia, en la cual un hombre sólo tiene éxito a costa de la miseria de otro. Esta desigualdad, no tiene como origen la naturaleza del hombre, sino el orden social establecido. La corrupción tiene su causa en que las relaciones entre los hombres, son relaciones de intercambio… y las leyes, el gobiernos y las costumbres están creadas desde la desigualdad para perpetuarlas.

Cuando Rousseau elogia al buen salvaje, no está pensando en que volvamos a un estado previo al social, sino que superemos el estado actual, eliminemos la acumulación de posesiones. Con esto podremos vivir en una sociedad civil erradicando la causa de su mal.

 

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Rousseau y el mal

Para Rousseau el estado natural no implica una condición moral, sino una condición animal; esto quiere decir que la humanidad vivía más allá del bien y del mal; es decir no se puede ser ni bueno ni malo.

Así que el hombre sólo es hombre si vive en sociedad, sino, no nos diferenciaríamos en nada de los animales. El estado social, es lo que nos distingue, lo que nos hace distintos y nos otorga moralidad. En el proceso del estado natural al estado civil, se adquiere la moralidad, la razón y la conciencia.

Precisamente en ese paso, se crea Contrato social, ahí es donde se crea un nuevo orden moral y social.

La política es la única solución posible a los problemas de la existencia humano, es la solución al mal. El mal, es el que genera la desigualdad y la injusticia social.

Lo interesante de todo esto, es que el mal deja de ser causado y explicado por la religión; el mal es social y la solución es política.

Según la concepción rousseauniana del mal, el problema ya no proviene de un pecado original y la tenemos que vagar por este valle de lágrimas para redimir nuestros pecados, sino que el mal está causado por un mal gobierno y la propiedad privada (que es para Rousseau el origen de la desigualdad) y la solución es la revolución. Se vuelve imperativo una transformación radical del orden existente.

El primero al que, tras haber cercado un terreno se le ocurrió decir esto es mío y encontró personas lo bastante simples para creerle fue el verdadero fundador de la sociedad civil. Cuántos crímenes, guerras, asesinatos, miserias y horrores no habría ahorrado al género humano quien, arrancando las estacas o rellenando la zanja, hubiera gritado a sus semejantes: «¡Guardaos de escuchar a este impostor!; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y que la tierra no es de nadie.»

 

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John Locke y la tolerancia

John Locke escribe su Carta sobre la tolerancia en 1689.

La idea principal de dicho escrito es hacer una separación clara entre religión y política (estado). La tolerancia entiende él, es la principal cualidad de la iglesia católica; ya que la verdadera fuerza de la religión no está en la coacción de los individuos, sino en la convicción de esto. Es decir, no se puede querer imponer a nadie la salvación de su alma o su creencia en un determinado Dios o culto. Es más a Locke no ve en ninguna parte de los evangelios que haya que imponer la salvación de los hombres a base de violencia. Por lo tanto el indivíduo debe tener libertad para seguir un tipo de creencias u otras.

Pero el estado, tampoco tiene derecho a imponer una u otra religión, procesar una u otra fe, ya que esto solo entra dentro del ámbito de la libertad individual. El estado ha de garantizar, según este tratado el derecho a la vida y a la propiedad de los individuos. Debe legislar para dar libertades, pero no entrometerse en la elección religiosa de cada persona.

Entonces podemos definir claramente como el estado se ocuparía de garantizar las libertades civiles de la sociedad, mientras que la religión, se ocuparía a nivel individual de la salvación de las almas, sin entrometerse en otros campos. De esta forma, la religión pertenecería al espacio privado de las personas, mientras que el gobierno velaría por las garantías  de la sociedad.

El gobierno civil debe velar por lo intereses de los ciudadanos de manera justa:

  • El cuidado del alma no le compete.
  • Su poder no alcanza el ámbito de la creencia.
  • La salvación de las almas no puede depender del lugar donde hayas nacido, ni por tanto de su regidor, ya que no quedaría espacio para que el individuo ejerciera su libertad, para buscar la salvación de su alma.

El estado solo debe prohibir aquello que perjudique a terceros, bien porque atente contra su vida, su libertad o sus propiedades.

 

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Maquiavelo nos gobierna

Leyendo todos los días las noticias políticas, no paran de resonar en mi cabeza las teorías maquiavélicas, en la que lo importante es que el gobernante prevalezca en el poder, aunque tenga para ello que hacer todo lo que sea necesario para que esto suceda. Evidentemente para Maquiavelo, y no por ello, intento justificar sus teorías, la obligación de los gobernantes era la de crear un estado fuerte, que luego diera paso a una república, y no hacer prevalecer un sistema económico en clara decadencia como ahora sucede.

Nicolás Maquiavelo (Florencia, 1469 – 1527).

Maquievelo en El principe se interesó simplemente por presentar una mecánica de gobierno, que prescindió de cuestiones morales, su única intención es formular un medio por el que el poder político puede ser establecido y mantenido. Para poder llevar esto a cabo, el gobernante puede actuar de la forma más inmoral, que sus actos quedarán justificados. Por supuesto, para Maquiavelo, la naturaleza humana es esencialmente egoista, las pasiones que lo constituyen, en especial la ambición, llevan inevitablemente al enfrentamiento recíproco como una condición natural. La maldad humana, siempre dispuesta a manifestarse en la ocasión oportuna, es el principio del cálculo político, por el eso el Principe no tendría ningún problema en ver cuales son sus intereses y como conseguirlos.

«Debe tener un ánimo dispuesto a moverse según le exigen los vientos y las variaciones de la fortuna y a no alejarse del bien, si puede, pero a saber entrar en el mal si se ve obligado»

El principe, Maquiavelo

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