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El coronavirus y el decrecimiento

Siguiendo con mis impresiones sobre la crisis la Covid-19, hoy me gustaría centrarme en el decrecimiento. Quizás el máximo exponente actual de esta teoría sea el francés, Serge Latouche, aunque en España también contamos con Carlos Taibo. Aunque a lo largo de la historia podríamos tener grandes referentes como Henri David Thoreau o Lev Tolstoï.

Lo importante de esta teoría, muchas veces mal entendida, es insistir fuertemente en abandonar el objetivo del crecimiento por el crecimiento mismo. Esta claro que vamos a un ritmo de producción-consumo que el planeta no puede soportar, pero ante dicho imperativo ecosistemático, la humanidad solo ve como salida seguir produciendo y seguir consumiendo.

Si algo nos han demostrado estos meses metidos en casa, es que no necesitamos consumir al ritmo que lo hacíamos, que lo básico: la alimentación y salud tenemos suficiente para vivir, que nuestro ocio se puede basar en una buena lectura, en una buena película y en estar con nuestros seres queridos.

Quizás alguno o alguna ya se esté planteando en este punto de mi argumento, que si disfrutamos de una buena peli, es porque tenemos plataformas digitales que nos las suministran (es decir, las consumimos), o que si tenemos un buen libro es porque lo hemos comprado (es decir, lo consumimos) o por último si podemos estar conectados con nuestros seres queridos es por pagamos internet, electricidad, ordenadores o smartphones (es decir, lo consumimos).

Esto en sí, no es contradictorio con el decrecimiento, nadie dice que no haya que consumir… pero si hacerlo en la justa medida y en lo que realmente nos sea necesario a cada uno.

Lo que quizás no sea necesario, es comprarme esa camiseta tan chula que he visto al pasar por un escaparate, cuando tengo el armario lleno (cosa que ahora no podemos hacer y no nos pasa nada), o bien no estar pensando que me comería ese helado tan bueno que dan en no sé qué sitio de comida rápida, o quizás que necesito unas gafas de sol nuevas, porque tengo que ir a trabajar y las que tengo están algo viejas…

La idea es consumir menos y “vivir” más… pensar en esos ratos con un buen libro, esos ratos con un juego de mesa con familia o compañeros de piso, esos paseos que ahora nos permiten dar, en mi caso, con mi pareja… y todo eso sin gastar dinero.

El planeta parece que en estos meses se esta sanando, menos contaminación en las grandes ciudades, recuperación del cambio climático, etc… y eso gracias, en parte, a consumir menos. Pero del cambio climático y su relación con la Covid-19 hablaré otro día…

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El abandono de la técnica V

Conclusiones

Según Ortega en La rebelión de las masas «Con más medios, más saber, más técnicas que nunca, resulta que el mundo actual va como el más desdichado que haya habido: puramente a la deriva.» (Ortega y Gasset, La rebelión de la masas 64). Cierto que aunque Ortega escribiera esto en la época de entreguerras con el comunismo instaurado ya en Rusia y el auge de los fascismos en Europa; y esté haciendo clara referencia a esta deriva, lo cierto que esta frase puede ser totalmente actual. Grandes peligros, que anunciaba Ortega en los inicios del siglo XX persiguen al hombre europeo actual, en los inicios del XXI. Volvemos a sufrir el auge de los populismos y de los extremos; el capitalismo y la globalización nos están llevando a un callejón sin salida, a un camino de no retorno, como continúa diciendo Ortega:

«… el tipo medio del actual hombre europeo posee un alma más sana y más fuerte que las del pasado siglo, pero mucho más simple.» (Ortega y Gasset, La rebelión de la masas 72).

Así Ortega califica al hombre actual como primitivo, lo civilizado es el mundo, pero el hombre-masa no lo es, se comporta en él como un hombre primitivo  en el cual cree que todo lo obtenido gracias a los avances técnicos es una «fruta espontánea de un árbol edénico» (Ortega y Gasset, La rebelión de la masas 92).

De esta visionaria forma describe Ortega su sociedad (y la nuestra), ya que, aunque siga habiendo hombres que capaces de realizar avances científicos y tecnológicos, la masa, el enjambre, continúa en un estado primitivo viviendo de los frutos que solo unos pocos cultivan.

Han parece de la misma opinión, es más importante hacernos un selfieo hacernos una foto de lo que vamos a comer, cuando vamos a un restaurante, que disfrutar de dicha comida, o del lugar en el que nos encontramos. Dejamos de compartir el momento con la gente que estamos, para hacerlo con los cientos de “amigos” que tenemos en las redes sociales.

Dejamos de disfrutar de una buena comida, de una buena conversación, disfrutar de un buen paseo por una ciudad desconocida; eso deja de tener importancia, por que lo importante es hacernos una foto y compartirla. Mañana nosotros no recordaremos ningún instante mágico, porque estuvimos ocupados haciendo fotos y compartiéndolas, y mis “amigos” tampoco recordarán la foto dentro de el caudal de información recibido a través de las redes. Ya nunca tendremos tiempo de ensimismarnos.

Vivimos en un enjambre lleno de ruido, en el que el capitalismo y la sociedad de consumo nos ha llevado a realizar acciones compulsivas,  que solo nos llevan de una forma u otra a consumir, consumir y consumir… da igual consumir en unos grandes almacenes, que consumir noticias, el exceso de información en medios de comunicación y redes sociales, banalizando cualquier tipo de contenido y vaciándolo por completo de su esencia. No hay una reflexión detrás de cada información que recibimos por los medios digitales, sólo un intento de demostrar dónde estamos y qué hacemos de demostrar nuestra individualidad, de exponernos pornográficamente delante de los demás pero paradójicamente (como a Ortega le gusta), desde el anonimato de nuestro ordenador.

Esto es lo que le preocupaba a Ortega, que usáramos la técnica, pero no nos ocupáramos de ella. Con los medios digitales y el ruido que producen será imposible aislarnos, ensimismarnos.

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Bibliografía

Arendt, Hannah. «Labor, trabajo y acción. Una conferencia (1957)». De la Historia a la acción.  México: Paidós, 2008, 89-171. Impreso.

Ferrater Mora, José. Diccionario de filosofía. Barcelona: Círculo de Lectores. 1991 (impreso).

Han, Byung-Chul. En el ejembre.Barcelona: Editorial Heder. 2014 (impreso).

Ortega y Gasset, José. «Ensimismamiento y alteración». Obras completas. Tomo V.Madrid: Revista de Occidente, 1964. 289-375. Impreso.

Ortega y Gasset, José. «Goethe desde dentro». Obras completas. Tomo II.Madrid: Revista de Occidente, 1963. 381-541. Impreso.

Ortega y Gasset, José. La rebelión de la masas. Barcelona: Ediciones Orbis. 1983 (impreso).

Ortega y Gasset, José. Meditaciones del Quijote.Madrid: Cátedra. 1995 (impreso).

 

 

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El abandono de la técnica IV

Byung-Chul Han en su obra En el enjambre, nos recuerda como el verbo para referirse a la historia es actuar.

«Hannah Arendt entiende la acción como la capacidad de “poner un principio”, es decir el poder de hacer que comience algo completamente otro (diferente).» (Han 55).

Pero según el análisis del Han el hombre ya no actúa, solo teclea estamos ante un nuevo hombre, que no será ni homo faber, como proponía Ortega, ni homo ludens, como diría Huizinga,sino el un homo digitalis.

Las características de este nuevo homo digitalises vivir en un entorno rodeado de pequeñas pantallas, que manejamos con destreza con nuestros pulgares, atrofiando nuestras manos, que ya no tendrán la necesidad de fabricar, de actuar; él solamente querrá disfrutar. De las nuevas necesidades (digitales, no naturales) que surgen, el hombre no necesitará trabajar, de esta manera el trabajo se acerca al juego, sin posibilidad de distinción.

Esto enlazaría con lo que Ortega define como Gentlemen, es decir, el comportamiento que el hombre adopta durante breves momentos de la vida, que deja de abrumarle, y se dedica a un juego aplicado al resto de la vida (juego de lucha con el medio, en un medio inventado). Pero al querer jugar, no desea que le hagan trampas, ya que las trampas rompen las reglas del juego y por tanto el juego de ser tal. De este espíritu de no querer que nos hagan trampas durante el juego, sale el espíritu de justicia, en el que nos opondremos a que se rompan las reglas del juego.

Bien, ahora, el homo digitalis, al contrario que elGentlemenno distingue entre el juego y el trabajo, lo que hace que todo sea lo mismo, es decir se ha quitado del juego todo lo lúdico y lo ha convertido en trabajo, como nos recordará Han.

«Hoy, en efecto, estamos libres de las máquinas de la era industrial, que nos esclavizaban y nos explotaban, pero los aparatos digitales traen una nueva coacción, una nueva esclavitud.» (Han 59).

Ahora todo el tiempo es tiempo de trabajo. En la época industrial las máquinas se quedaban en la fábrica, y cuando salíamos de dicha fábrica era el tiempo del no trabajo. Ahora llevamos nuestro trabajo en el bolsillo, por lo que la coacción de estar hipercomunicados no te permite desconectar, no te permite ensimismarte.  Vivimos en la sociedad del rendimiento, dirá Han.

Ahora todos somos emprendedores y lo que se busca es aprovechar al máximo nuestro rendimiento, rendimiento laboral, físico, intelectual. Hemos pasado de una sociedad que se basaba en el “deber”; teníamos la obligación de trabajar para mantenernos, de ponernos vacunas para estar sanos, de ir al colegio para aprender, a una sociedad del “rendimiento”. La obligación sigue existiendo, pero de la obligación hemos pasado a hacerlo porque podemos, porque queremos hacerlo. El individualismo se empodera de las situaciones haciendo que nuestras acciones sean voluntarias, más eficientes, más rápidas… en definitiva mucho más productivas.

Pero sin perder esa disciplina que desde la industrialización se sometió a los trabajadores.

En la sociedad de la disciplina se busca el control, es una sociedad negativa desde el punto de vista del individuo, mientras que en la sociedad del rendimiento se busca el poder, con lo se convierte en una sociedad mucho más positiva. Yes we cano Just do itson eslóganes populares en la sociedad del rendimiento. ¡Tú puedes!, ¡hazlo! no nos plantean que nos cuestionemos la obediencia, solo que la asumamos y que intentemos llegar más lejos con ella. Ya no hacemos las cosas por que nos obliguen, sino porque queremos, lo cual es mucho mejor desde el punto de vista de la ordenación social.

Si no haces algo, no es porque no tengas oportunidades, no es porque tengas dificultades en la vida que te impidan prosperar, es porque no quieres, por que no has rendido lo suficiente. La fuerza de la voluntad es tú límite… y no hay otro.

En fin, hay que aprovechar al máximo nuestro rendimiento, si no adelgazamos es porque no queremos ir al gimnasio; si no tenemos trabajo es porque no buscamos nuestras oportunidad, no somos emprendedores; sino nos curamos de una enfermedad, es porque no hemos puesto los medios adecuados para hacerlo.

En  definitiva, somos los responsables de nuestras acciones y nuestros logros. Se hace al individuo responsable, y se exime a la sociedad y al estado de toda su interacción. Esto hace muy interesante el cambio de rumbo en el modelo de sociedad.

En La rebelión de la masas, Ortega nos habla de la de muchedumbre o de las aglomeraciones de gente, o de “lleno” que se lleva a cabo en Europa y todo ello lo define como una crisis tanto de la política, como de la cultura. La mayoría suplanta a la minoría.

«Hay un hecho que, para bien o para mal, es el más importante en la vida pública europea de la hora presente. Este hecho es el advenimiento de las masas al pleno poderío social. Como las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su ‣«propia existencia, y menos regentar la sociedad, quiere decirse que Europa sufre ahora la más grave crisis que a pueblos, naciones, culturas, cabe padecer. Esta crisis ha sobrevenido más de una vez en la historia. Su fisonomía y sus consecuencias son conocidas. También se conoce su nombre. Se llama la rebelión de las masas.» (Ortega y Gasset, La rebelión de la masas 39).

EL problema de dicho traslado de funciones se encuentra en que esa mayoría, esa masa, realmente no suele estar cualificada para tomar los espacios, mucho menos para tomar decisiones políticas.

En una mala lectura, muchas veces se hablado de que Ortega solo confiaba en las élites, especialmente preparadas y formadas para llevar a cabo las más altas funciones, pero el mismo es consciente de que dichas élites se dejan llevar por el hombre-masa, y que en su actualidad se estarían corrompiendo, poniendo como ejemplo el acceso de “intelectuales incualificados, incalificables y descalificados”. Mientras que en las clases populares puede encontrarse gente de verdadera valía. Así que en opinión de Ortega cada grupo social debería contar un grupo selecto de personas que los representara.

Lo cierto es que tras el concepto de hombre-masa nos encontramos una análisis antropológico del hombre del s. XX, en el que, con gran capacidad de análisis Ortega nos presenta a un ser conformista y mediocre que está a gusto con dicha mediocridad y por otro lado que reclama su derecho a ser así.

«Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera.» (Ortega y Gasset, La rebelión de la masas 44).

Así Byung-Chul Han, retoma este concepto y lo actualiza denominando a la nueva masa, enjambre digital. Dicho enjambre no dista tanto del hombre-masa definido por Ortega, ya que ambos son individualidades aisladas, que podríamos decir que carecen de alma y espíritu. No hay un perfil propio, no hay masa en términos marxistas, pero si en términos orteguianos, ya que lo que hay muchas similitudes entre el enjambre de Han y la muchedumbre formada por el hombre-masa de Ortega.

En el homo digitalis prima el individualismo, quieren tener su identidad a toda costa, quieren ser un “alguien” pero anónimo. Vivimos en una sociedad narcisista, según Han. Una sociedad en el que abundan los Hikikomoris, término japonés  para definir a las personas que sufren un gran aislamiento y solo se relacionan a través de los medios digitales.

Las Redes Sociales son imprescindibles para apoyar este narcisismo. Instagram, facebook, twitter,etc… están pensadas para que podamos exponer nuestras opiniones, fabriquemos una imagen de nosotros mismos, tengamos un espejo en el que mirarnos… y con toda la información existente, terminemos ahogándonos.

Han nos habla del Síndrome del cansancio de la información, enfermedad que nos afecta ante el exceso de información, producida por cada uno de nosotros somos emisores, receptores, productores y al final consumidores de toda la información que generamos. Este fenómenos nos produce una parálisis de la capacidad analítica, es decir nuestra capacidad de pensamiento. No somos capaces de distinguir lo que nos es esencial de lo que no. Tenemos tanta información que no somos capaces de reducir las cosas a lo esencial.

Ahora mismo la información que nos ofrecen los medios digitales ha dejado de ser informativa y es deformativa, ya no es comunicativa sino acumulativa. Solo buscamos, seguimos e incluso espiamos aquello que nos representa, el mundo digital solo son modulaciones de uno mismo.

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El abandono de la técnica III

El abandono de la técnica

Ortega y Gasset parte de la base de que los animales tienen instinto de conservación, pero esto no sería del todo cierto en el hombre, ya que el es el único animal que puede anular dicho instinto y desear morir. Así, el hombre que desea vivir tiene la necesidad de proporcionarse calor, alimento, defensas ante las amenazas.

«… el hombre quiere vivir y, porque  quiere vivir, cuando el frío amenaza con destruirle, el hombre siente la necesidad de evitar el frío y proporcionarse calor.» (Ortega y Gasset, Ensimismamiento y alteración 320).

Pero también es capaz de evadirse de dichas necesidades, ensimismarse. Retirarse de sus repertorios naturales, diría Ortega.

Por lo tanto el hombre tiene unas necesidades mínimas para no morir, pero la vida no significa estar, sino bienestar. Por lo tanto en los momentos de ensimismamiento aprovecha para elaborar técnicas que le permitan dicho bienestar, y así cubrir dichas necesidades con menos esfuerzo. Es decir, el bienestar implica la adaptación del medio, por parte del hombre, a su voluntad por medio de la técnica.

Por lo tanto, no hay hombre sin técnica; dicha técnica varía dependiendo de cuál y cuánta sea la idea de bienestar en cada momento; hay en todas las técnicas un torso común en el que se han ido acumulando sus descubrimientos.

Estas técnicas son aquellas a los que dedicamos un esfuerzo para:

  1. Asegurar la satisfacción de las necesidades.
  2. Lograr dicha satisfacción con un mínimo esfuerzo
  3. Creamos posibilidades nuevas, a través de nuevos objetos.

La técnica es el esfuerzo de ahorrar esfuerzo, nos dirá Ortega.

Pero el hombre está en el mundo, y este mundo nos ofrece ciertas posibilidades, así si analizamos bien lo que el mundo ofrece al hombre podríamos optar por tres perspectivas:

Que la naturaleza ofreciera todo tipo de facilidades al hombre, lo cual implicaría que el hombre carecería de cualquier necesidad; o bien podría ser que el mundo ofreciera todo tipo de oposición al hombre, por lo tanto la hombre le resultaría imposible subsistir; por último que el hombre encontrara una red de facilidades y dificultades que le proporcionarán los elementos indispensables para su subsistencia pero partiendo de su raciocinio para elaborar instrumentos que le permitan dicho bienestar. De esta manera podemos pensar que el mundo es para cada hombre y época algo bien distinto.

«Ese mundo o circunstancia en que me encuentro sumido no es solo el paisaje que me rodea, sino también mi cuerpo y también mi alma. Yo no soy mi cuerpo;me encuentro con él y con él tengo que vivir, sea sano, sea enfermo,pero tampoco soy mi alma: también me encuentro con ella y tengoque usar de ella para vivir, aunque a veces me sirva mal porquetiene poca voluntad o ninguna memoria. Cuerpo y alma son cosas,y yo no soy una cosa, sino un drama, una lucha por llegar a serlo que tengo que ser.» (Ortega y Gasset, Ensimismamiento y alteración 339).

Así el hombre debe autofabricarse, es decir, hacerse a sí mismo. Tiene que producir, esforzarse en conseguir lo que no haya de forma natural. De esta manera podemos entender la historia como una serie de observaciones consecutivas que el hombre ha realizado para poder producir todo aquello que el mundo nos permite hacer.

La técnica es la reforma de la naturaleza. Reformar la naturaleza es la finalidad del hombre para conseguir su bienestar, aprovechar la facilidades que el mundo ofrece para vencer las dificultades, que al fin y al cabo es lo que le proporcionará la felicidad. Pero claro como ya hemos explicado antes el mundo es algo distinto para cada humano dependiendo de la época y el lugar y no todos tenemos las mismas necesidades, nunca se tendrán las mismas necesidades en una yurta en mitad de Mongolia, que en el Madrid de 2020. Como dice el propio Ortega «No es verosímil que invente el automóvil este hombre que no quieremoverse.» (Ortega y Gasset, Ensimismamiento y alteración 347).

Podemos ver claramente como la técnica ha pasado por distintos estadios. Para saber cuales son estos estadios hay que atender a la relación Técnica-Hombre.

  1. Técnica del azar
  2. Técnica del artesano
  3. Técnica del técnico

Técnica del azar

La pre-técnica es propia del hombre primitivo o del salvaje actual. Él ignora la técnica como tal técnica:

  1. El repertorio con el cuenta es escaso. El primitivo es casi un animal. Desconoce el carácter esencial de la técnica.
  2. La sencillez de la técnica que han alcanzado hace que todos sean capaces de elaborarlo.
  3. No cobra conciencia de la técnica o de la invención. El primitivo no sabe que puede inventar, es la solución la que le busca a él.

No se siente homo-faber funciona por ensayo y error.

Técnica del artesano

  1. Han crecido los repertorios, pero la base sobre lo que el hombre se apoya aún es natural. Ya no los puede ejercitar todo el mundo, es preciso que sean ciertas personas las que se encarguen de ello: los artesanos. Aún no se sabe que hay técnica, pero sí personas que se dedican a ello: técnica-hombres.
  2. El modo de adquisición de las técnicas, no favorece a esta como una función genérica e ilimitada.
  3. El inventor solo produce instrumentos, no es capaz de hacer máquinas.
  4. Toda técnica consiste en dos cosas:
    1. Invención de un plan de actividades.
    2. La ejecución de dicho plan.

Técnica del técnico

El hombre por fin se da cuenta de que la técnica no es un azar. Tiene conciencia de que la técnica es ilimitada, y hace que el hombre, puesto a vivir de fe en la técnica y solo en ella, se le vacíe la vida.

  1. La técnica integra la vida actual. El hombre no puede vivir sin la técnica.
    «—el hecho de que hoy puedan vivir bien tres veces y media más de hombres en el mismo espacio en que antes malvivían tres veces y media menos—.» (Ortega y Gasset, Ensimismamiento y alteración 367).

El hombre se encuentra rodeado de una cantidad fabulosa de objetos y procedimientos creados por la técnica que forman el primer paisaje artificial tupido que oculta la naturaleza primaria tras él.

  1. El otro rasgo que lleva al hombre a descubrir el carácter genuino de su propia técnica es el tránsito del mero instrumento a la máquina.
  2. El técnico (el ingeniero) y el obrero (antes el artesano), se separan. El ingeniero antes de inventar sabe que puede inventar. El tecnicismo es solo el método intelectual que opera en la creación técnica. Sin él no hay técnica, pero con él solo tampoco la hay.

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El tecnicismo moderno, busca los medios que le hace que logren los resultados que quieren obtener.

El temor de Ortega es que nos acostumbráramos tanto a la técnica y sus avances que pensásemos que siempre había estado ahí, que pensáramos que formaba parte del paisaje como el resto de repertorios que nos ofrece la naturaleza, de esta forma, creeríamos que la naturaleza es lo que tenemos ahora y que nos ofrece todo aquello que necesitamos sin ningún tipo de esfuerzo.

Esto podría tener varias consecuencia, como que dejáramos de producir nuevas técnicas ¿para qué, si ya tenemos todo lo que necesitamos? o que perdamos el poder de ensimismarnos, ya que ese ensimismamiento es el necesario para pensar en soluciones ante nuevos problemas o nuevos retos.

Esto implicaría perder la esencia del hombre, recordemos que para Ortega el hombre es productivo, somos técnica y gracias a ella es por la que tenemos cierto bienestar. Si perdemos dicha necesidad, perderemos nuestro bienestar y por tanto la capacidad de ser felices.

Perderíamos la capacidad de acción que diría Hannah Arendt en su distinción entre labor, trabajo y acción. Para Arendt la acción sería esa interferencia entre humanos a la hora realizar cualquier trabajo o labor.

Cuando cualquier persona realiza una labor, es decir alguna función indispensable para producir los bienes necesarios para la subsistencia; o bien un trabajo, que ya no sería para cubrir las necesidades básicas, sino, que su función estaría en fabricar objetos de uso, objetos artificiales creados a partir de lo que la naturaleza nos ofrece, lo hace en un mundo donde otros ya están presentes y en el que debemos relacionarnos con otros humanos. Así la acción implicaría dichas relaciones, las cuales producen la historia. Así los procesos de la acción no son impredecibles, son también irreversibles como comenta Arendt, por que no son producto de una persona, sino que forman parte de un proceso en el que interviene la humanidad.

De esta manera vemos como Arendt coincide con Ortega en como la historia no es otra cosa que la consecución de acciones (innovaciones técnicas diría Ortega), que permiten el avance del hombre frente al mundo o naturaleza.

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El abandono de la técnica II

Dice Ortega:

«…se encuentra el hombre rodeado de una gran cantidad fabulosa de objetos y procedimientos creados por la técnica que forman un primer paisaje artificial tan tupido que oculta la naturaleza primaria tras él, tenderá a creer que, como está, todo está ahí por sí mismo: que el automóvil y la aspirina no son cosas que hay que fabricar, sino cosas, como la piedra o la planta, que son dadas al hombre sin previo esfuerzo de éste. Es decir, que puede llegar a perder la conciencia de la técnica y de las condiciones, por ejemplo, morales en las que ésta se produce, volviendo, como el primitivo, a no ver en ella sino dones naturales que se tienen desde luego y no reclaman esforzado sostenimiento.» (Ortega y Gasset, Ensimismamiento y alteración 368)

En la sociedad actual, ésta pérdida de conciencia de la técnica es evidente. Nos hemos vuelto primitivos en el sentido orteguiano. Tenemos una serie de recursos, que aunque fabricados, no sabemos ni quién, ni cuando los fabricó. Están ahí como las manzanas de un árbol, las cuales cuando tengo hambre, cojo.

Pero antes de comenzar a desarrollar como hemos llegado hasta este punto, veamos cómo llega Ortega a alertarnos de esta posibilidad. En su libro Ensimismamiento y alteración nos hace una Meditación sobre la técnica en la que nos desarrolla parte de su pensamiento antropológico, que posteriormente el filósofo Javier Marías daría el nombre de la Escuela de Madrid (aunque el propio filósofo aclara que  ni era una Escuela ni estaba reducida a Madrid).

Dicho pensamiento tiene como característica estudiar al hombre en un lugar y tiempo determinados, ya que partimos de la premisa orteguiana de que el hombre es él y su circunstancia, teniendo en cuenta que dicha circunstancia es el lugar en el que vive, el tiempo en el que vive y todo aquello que le afecta como hombre, y como bien termina la famosa frase, … si lo la salva a ella, no se salva él. Así el pensamiento antropológico orteguiano se le lleva a estudiar al hombre, realizando un análisis de la realidad radical de hombre, desde su perspectiva, para conocer su verdadera realidad, lo que Ortega llamaría razón vital o raciovitalismo para mejorar España (y su relación con Europa) y así salvarla.

Estos argumentos orteguianos siguen totalmente vigentes y parece que los mismos problemas que le preocupaban a él a principios del s. XX, nos siguen afectando de la misma manera casi cien años después. Existen ciertos paralelismos entre los conceptos de hombre-masa, expuestos por Ortega, y el de enjambre, de Byung-Chul Han.

Este autor coreano-alemán disecciona la sociedad actual como en su momento hiciera Ortega, actualizando los argumentos a las circunstancias actuales, vemos que los malos augurios del autor español se han cumplido.

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El coronavirus y el cambio de valores

Parece que con la llegada de la pandemia, también ha llegado una ola de solidaridad sin precedentes. Dicen que el virus va a cambiar el mundo. que nada volverá a ser como antes. Quizás así sea… o quizás no.

No pretendo hacer una valoración en términos de pesimismo u optimismo. Como hablaba el otro día con unos amigos hay quién dice que: El pesimista es un optimista bien informado, a lo que uno de mis amigos decía que prefería darle la vuelta y decir que él era un optimista, ya que era un pesimista bien informado. Ya decía Pitágoras que había que dejar el pesimismo para mejores tiempos.

Pero dejando de lado estas dos polarizaciones categoriales, la cuestión es ¿qué mundo nos vamos a encontrar cuando todo esto acabe? La verdad que mi idea es que probablemente, como pasa con otras desgracias, pasemos unas semanas, quizás meses, afectados y que probablemente pasado un tiempo de cuarentena mental, volvamos a ser quienes éramos… (a nivel personal, no hablo de geopolítica estratégica).

Creo que esto se ha visto ya en otros momentos, con grandes tragedias, es cierto que a otros niveles los atentados del 11S cambiaron el mundo, la creación del miedo como arma política (no se si hay que recordar que Francia esta en un estado permanente de excepción desde los atentados de París o en España vivimos en un nivel 4, sobre 5, desde los atentados del 11M), vivimos en una sociedad panóptica foucaultniana, en el que el poder se ejerce en unas relaciones no igualitarias, entre estado-individuo. Pero dejando de ladeo nivel político, es cierto que a nivel individual, todo el mundo se solidarizó con dichos dramas, los ciudadanos españoles se volcaron con Haití, después de su terremoto en 2010… ¿y después qué? Haití quedó en el olvido.

Mientras las noticias nos recuerdan, día tras día, la tragedia los ciudadanos se sensibilizan, después empieza a saturarnos que no hablen de otra cosa y esto termina creando callo en nuestra conciencia (incluso aburrimiento), ya nadie se acuerda de los refugiados en Lesbos o Lampedusa, de Haití o incluso la guerra Siria.

Ahora estamos muy concentrados en “nuestro” problema… hasta que deje de serlo, entonces volveremos a nuestras rutinas, ha estresarnos nuevamente por nuestro trabajo, a contaminar nuestras ciudades por ir a dichos trabajo, a olvidar que estuvimos unos meses sin podernos besar, abrazarnos o incluso olernos. Olvidaremos todo eso y volveremos a nuestras rutinas ocupándonos de lo urgente, pero no de lo importante.

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El abandono de la técnica I

Ortega y Gasset nos habla del temor de que los avances técnicos nos hagan perder la perspectiva de que son creados por el hombre, y que en consecuencia, necesitan de nuestra atención para ser creados. Podemos llegar a creer que dichos avances, están ahí de siempre como los bienes naturales con los que las culturas primitivas se abastecían… Este mal augurio, se ha cumplido. Es frecuente que nuestros jóvenes piensen que siempre hemos vivido con móviles o con internet y que dicha tecnología siempre ha estado ahí y que siempre estará

Vivimos en una sociedad en la que los avances técnicos y tecnológicos han sido tan grandes que hemos perdido el contacto con la realidad de su producción y de su gestación, transformando su esencia misma: internet, redes sociales y la hipercomunicación no nos permite ni un minuto de ensimismación, con la cual, nuestro autor nos propone para realizar dichos avances técnicos y tecnológicos.

Mientras los animales viven en un estado permanente de alerta –alteración o enajenación, diría nuestro autor— ante la imposición natural de cubrir sus necesidades, el hombre posee la posibilidad de ensimismarse. Esta posibilidad le permite no vivir esclavizado como los animales, de esta manera, el hombre ensimismado puede pensar en el mundo y ver qué necesita realmente para desenvolverse en él, crearlo e imponerlo a su voluntad. Como diría el propio Ortega «El hombre humaniza el mundo».

Pero en el mundo de hoy hipercomunicado hemos perdido la posibilidad de ensimismarnos, ya que nuestra sociedad nos exige que estemos siempre alerta. Ya no es una exigencia natural, como la que tienen los animales por conseguir alimento o no ser cazados, sino enajenados ante la falsa necesidad de saber todo lo que sucede a nuestro alrededor, de estar comunicados, en definitiva como dice Byung-Chul Han vivir en el enjambre,una masa de individuos aislados incapaces de una acción común.

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