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Apología del aburrimiento

Mi hijo de 10 años no se permite ni un segundo de aburrimiento. Vivimos en una sociedad en la que los continuos mensajes estimulantes no paran. Muchos consideran todo esto un gran logro de la sociedad moderna, otros muchos, consideran que todos estos estímulos son los que nos dan placer.

Lo cierto es que ni una, ni otra creo que sean ciertas. Gracias al aburrimiento surgen infinidad de ideas creativas, es más, sin aburrimiento pocas novelas, pocos cuadros, e incluso poca física se habría llevado a cabo.

¿Por qué digo esto? Muy sencillo. Gracias al aburrimiento, es cuando nuestra cabeza no para de discurrir, va saltando de una idea a otra, sin que necesariamente tengamos que estar prestando atención a otra cosa que sea nuestros propios pensamientos.

Es en estos momentos cuando a las cabezas brillantes se les ocurren las grandes historias, la posibilidad de una nueva fórmula o qué se yo que cosas. ¿Os habéis planteado, lo aburrido que tendría que estar Newton sentando debajo de un manzano, para pensar en la ley de gravedad o como debían de ser de tediosas las tardes los conventos o en la carcel para que San Juan de la Cruz escribiera sus obras místicas?

Así, el estar entretenidos, nos impedirá leer, escribir… pensar. Buen, eso esta bien. Yo llego a casa después de una dura jornada de trabajo y lo que más me apetece es encender la TV y dejar de pensar, relajarme, poner mi mente en blanco y dejarme llevar por una sucesión de imágenes (la mayoría sin sentido).

Como bien dice Santiago Alba Rico en El naufragio del hombre: “Hay dos formas de impedir pensar a un ser humano: una obligarle a trabajar sin descanso; la otra, obligarle a divertirse sin interrupción.”

En el fondo es el capitalismo más salvaje, el único beneficiado de esta situación. Consigue dos cosas de un sólo golpe:

  1. Que dejemos de pensar
  2. Nos hace consumir

¿Por qué es importante que dejemos de pensar? Realmente el capitalismo salvaje nos conduce a un consumismo desenfrenado, que será la causa del verdadero apocalipsis. Sabemos que al ritmo que crece la producción, nuestro planeta esta abocado a su destrucción.

Exterminio de especies animales, destrozo de hábitats completos, para poder extraer materias primas necesarias para generar ocio; guerras en cualquier punta del planeta, bien para poder comerciar con petroleo o por coltán, para que podamos en definitva viajar o utilizar nuestras últimas tecnologías. Pensadlo bien.

Nooo, mejor no lo penséis… para eso tenemos el ocio ficticio que a través de neones y la generación de necesidades innecesarias, nos dicen que lo mejor al llegar a casa es encender la tele y dejar de pensar. Mejor es ir Disneyland Paris. Mejor es no pensar.

Así a mi hijo, se le pasan los días sin pensar; mirando alguna anuncios te tv, o jugando en la última consola o quizás mejor yendo a un parque temático y de esta forma no permitirse ni un segundo de aburrimiento.

Dedicado a Kike, para que se aburra un poco más y de rienda suelta a su imaginación.
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4 comentarios en “Apología del aburrimiento

  1. eltocapelotas dijo:

    El aburrimiento no es necesario para el avance del pensamiento, en mi opinión, la sobresaturación de información facilita más el proceso creativo.

    En lo que estoy totalmente de acuerdo es que el miedo al aburrimiento favorece el consumismo desaforado. No pasa nada por aburrirse. Los momentos de aburrimiento, se convierten en los de mas relajación y descanso.

    • No tengo muy claro como la sobresaturación de información facilita el proceso creativo…

      Además el problema no es la satururación de información. el problema es que las propuestas de ocio, para paliar el aburrimiento, normalmente no busca darnos infomración, sino todo lo contrario, desinformarnos.

      Como comento en la entrada, ¿cuánta gente sabe que es coltán, para que se usa y cuantas guerras a ocasionado?

      Esta información no interesa, lo que verdaderamente interesa es saber que bebiendo coca-cola somos más felices.

  2. celi dijo:

    que bonito Rafa, yo ,sí que creo que en los momentos de aburrimiento, el cerebro es capaz de crear y funcionar mas libremente.
    me ha encantado la dedicatoria, un besote

  3. Pingback: La sangre del capitalismo « Filosofía Barata

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