Actualidad

Fotografía y ser (III Parte)

Fotografía y realidad

Recientemente, con la muerte de Bin Laden hemos vivido un caso curioso, en el que, el mundo entero reclamaba pruebas de dicha muerte. El propio presidente de EEUU, nos hablaba de que esas pruebas existían, en forma de fotografías pero que jamás las veríamos. Todos querían ver dichas fotos, para como santo Tomás, meter mano a las fotos y poder certificar, de esta manera, la muerte del villano.

La fotografía, se convierte en esos momentos en una especie de momia egipcia, embalsamada para la eternidad, nos da el objeto mismo pero liberado de contingencias temporales, nos muestra una realidad eterna. Una verdad para la posteridad.

Dicha verdad viene definida desde la objetividad que nos ofrece la cámara. No es de extrañar que una de las partes principales de la cámara se denomine “objetivo”. Objetivo por que nos muestra una realidad tal cual es, no como las erráticas pinceladas de un pintor o quizás las incontrolables marcas del cincel del escultor. La fotografía es objetiva, a través de su objetivo; nos sirve para mirar todo lo que sucede y detenerlo en un instante para la posteridad. Como el protagonista de “La ventana indiscreta” que postrado sobre su silla de ruedas, mira a través de su teleobjetivo todo lo que sucede en la casa de enfrente, ¿se fiaría de la cámara, si esta distorsionara la realidad, si su objetivo no fuera tal (es decir, objetivo)?

Pero claro, como en todas las herramientas los problemas no surgen de ella (de la herramienta), sino de su uso. De esta forma, la fotografía, ha dejado de ser del todo veraz. Volviendo al caso de Bin Laden, al día siguiente del anuncio de su muerte, apareció un montaje realizado con un popular programa informático de retoque fotográfico, mostrándonos una realidad que no es tal. En las revistas nos cansamos de ver modelos sin arrugas en la cara y sin poros en la piel, una realidad disfrazada que nos impide distinguirla de la ficción.

Pero este “Beso de Judas”, como titula Joan Foncuberta su libro, sobre los engaños de la fotografía, no es reciente. El engaño existe desde que se empezó a trabajar con ella. Pero en estos casos no son las fotos las que nos muestran una realidad distorsionada, sino lo que se dice de ellas. Foncuberta, nos habla de fotos sobre bombardeos devastadores, en la guerra Civil, en los que la propaganda de guerra, se aventuró a afirmar que era la ciudad de Guernica. Realmente no era así, pero su impacto sobre la población y la creación de la mentira, causó el efecto deseado. Nos habla de estudios antropológicos de tribus perdidas en Filipinas, los Tasaday, con todo tipo de pruebas fotográficas avaladas, ni más ni menos, que por el propio National Geographic, nos cuenta como en los años 70, se produjo una conmoción a nivel mundial, al descubrir a dicha tribu con hábitos y costumbres del cromagnón. Años más tarde se comprobó que era un montaje.

¿Debemos pensar, entonces, que la fotografía no nos muestra la realidad?

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